• 7 febrero, 2012

La letra pequeña de los contratos de Leasing y de Renting

Los contratos de leasing y de renting se han convertido en una fórmula recurrente para las empresas que ven en ellos una forma de deducción fiscal óptima y una manera creativa de encontrar financiación cuando las vías tradicionales, los bancos, no la facilitan. Efectivamente, en este último caso tienen especial protagonismo estos contratos por cuanto se están convirtiendo en auténticas fuentes de financiación alternativa para determinadas inversiones empresariales. Si bien, no son la panacea; simplemente, un medio más.
Dejando a un lado valorar si los costes de los contratos de leasing o de renting hacen de su uso una decisión acertada como solución general o más bien lo es para determinadas circunstancias y supuestos de hecho, la realidad es que, al ser contratos de adhesión regidos por un clausulado de Condiciones Particulares junto a uno más extenso de Condiciones Generales (que nadie suele leerse antes de firmar), contemplan algunas previsiones que pueden pesar más adelante a quien los suscribe. 
Nos estamos refiriendo a la resolución anticipada de este tipo de contratos. Cuando llegan las dificultades económicas en las empresas y todo se vuelven urgentes reducciones de costes, uno de los primeros sacrificados suelen ser los bienes sujetos a fórmulas de renting o leasing. El problema, como decimos, es que se suele tratar de devolver a las entidades prestadoras estos bienes haciendo una especie de «dación en pago» con los mismos. Sin embargo, el problema es que la resolución anticipada de éstos está, en la generalidad de las situaciones, penalizada con una indemnización cuantiosa que la más de las veces suele ser igual al coste pendiente de satisfacer si el contrato permanece en vigor hasta su fecha final. Aquí es donde el empresario se da cuenta de que contratar un renting pudo no haber sido una decisión adecuada y se enfrenta a la tesitura: no lo puede mantener como tal pero al mismo tiempo, si lo entrega se enfrenta a la posibilidad de tener que devolver, igualmente, todo lo pendiente.
Por tanto, la letra pequeña de estos contratos de leasing y de renting radica en el coste de su devolución cuando ésta se produce antes de tiempo. Pida a su prestador (Generalmente una entidad bancaria o financiera) que le simule escenarios hipotéticos en caso de entrega sin agotar el plazo y saque sus conclusiones en términos de riesgos. Sí, es un riesgo.
Por otra parte, los tribunales ya han venido conociendo de esta problemática y aunque no se acepta la dación en pago para este tipo de contratos sí es cierto que no es infrecuente encontrar sentencias que modulan la cantidad indemnizatoria a pagar, en el sentido de reducir sustancialmente la cuantía reclamada por el prestador, al entender que el contrato contenía una cláusula desproporcionada en este aspecto que da lugar a un desequilibrio de las prestaciones del contrato corregible judicialmente. Sin embargo, puede que ello no se verifique en todos los casos y la razón del prestador en el sentido de que adquirió el bien rentado exclusivamente para alquilarlo y su devolución le genera un gran perjuicio equivalente al resto de vida del contrato es defendible aún ante los Tribunales. Piénselo bien y no se la juegue si no está seguro. Y recuerde, el Director de su sucursal bancaria ni el prestador son su asesor financiero; cuando les pregunte sobre los riesgos diferidos lo relativizarán si la operación es viable para su entidad. Piensan en su cuenta de resultados no en la suya.
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