• 30 enero, 2013

¿Debemos o no recoger un burofax o notificación? ¿En su caso, debemos mandar un burofax?

¿Debemos recoger un burofax?

No recoger un burofax o notificación o sí hacerlo es una de esas prácticas sobre las que hay más dudas en la realidad de muchos pequeños empresarios. Como regla general, siempre hay que dejarse notificar y recoger un burofax o un acto de comunicación originario de una administración pública. Será la excepción cuando no lo hagamos.

Saber que se ha recibido una notificación y no recibirla supone asumir la táctica de la avestruz la mayor parte de las veces. Es decir, esconder la cabeza bajo tierra para no ver el peligro de un daño que es inminente.

Hace algunos años el Consejo General de la Abogacía publicó un anuncio animando a los ciudadanos a acudir a su Abogado cuando recibieran un requerimiento o un burofax por parte de terceros. La imagen que trataba de ilustrarlo era una auténtica genialidad: un escorpión hecho de papiroflexia (u origami) realizado con el texto de papel de un requerimiento. Significaba el peligro que conlleva y la trascendencia que puede tener.

Razones para recoger un burofax

Como una imagen vale más que mil palabras, no se explicaba mucho más por qué era importante la cuestión. Pero retomando dicho interés, exponemos algunas razones que lo justifican aunque más de una pueda parecer simple o evidente:

  1. Si no cogemos el burofax, difícilmente podremos conocer el peligro real al que nos tenemos que enfrentar en su caso.
  2. La parte contraria puede realizar ciertas afirmaciones extrajudiciales muy relevantes que deben ser negadas, desmentidas o, cuando menos matizadas, pues si no pueden complicarnos después la vía judicial.
  3. Desconocer sus afirmaciones extrajudiciales es perder la ocasión de conocer su estrategia, o los principales fundamentos jurídicos en los que se va a basar; o de saber si se ha cometido algún error en alguna afirmación en el texto recibido que podamos usar como arma negociadora para prevenir el pleito creando una inseguridad al contrario. 
  4. A veces, responder un burofax con otro burofax permite desincentivar un litigio posterior.
  5. Si no respondemos podemos perder la oportunidad de realizar afirmaciones que exigirían, a su vez, una respuesta del contrario, de manera que podemos volver a poner la pelota en su tejado. Algo así como ser un “cazador, cazado”. Al menos en parte, tal vez. 
  6. Si no conocemos la reclamación del contrario, no la respondemos y, finalmente, conocemos los extremos de su pretensión directamente mediante su demanda, permitimos a la contraparte alegar mala fe pues se han visto obligados a interponer dicha demanda ante nuestro silencio, sin conocer siquiera algún argumento que pudiera desincentivar su petición y acción legal. 
  7. Pese a que en un procedimiento judicial ambas partes pasan por un proceso contradictorio de pruebas que permitan al juez construir su convicción sobre la solución más ajustada a la Ley, el juzgador puede pensar que “el que calló, otorgó” inicialmente por lo que en algún caso podría inducir a que algo de razón lleva la parte demandante. Al fin y al cabo, los jueces o árbitros son personas y pueden conceder más credibilidad a una parte que a otra por un pequeño detalle cuando falta prueba suficiente que incline la balanza.  

En resumen

Aunque lo hemos dado por hecho, podemos preguntarnos ¿hay que responder a los burofaxes?. La respuesta es  que la mayor parte de las veces es muy positivo hacerlo por las razones que hemos expuesto. Sin perjuicio de ello, lo más prudente es consultar con su Abogado porque éste sabe “leer entre líneas”, responder hasta donde sea preciso y no mostrar más cartas que las necesarias. 

El Abogado es fundamental porque, normalmente, el cliente comete fallos estratégicos si responde por sí mismo. No es infrecuente observar que los clientes que han respondido por su cuenta han deslizado informaciones útiles para la parte contraria. Otras veces han venido a reconocer parte de su responsabilidad haciendo una especie de alegato de buena fe que luego puede ser usado en su contra claramente en un proceso judicial. 

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