Recoger un burofax o notificación es una de esas prácticas sobre las que hay más dudas en la realidad de muchos particulares y de administradores o socios de sociedades limitadas.

Como regla general, siempre hay que dejarse notificar y recibir o recoger un burofax. Lo mismo cuando se trate de un acto de comunicación originario de una administración pública o notificaciones de los Juzgados.

Saber que se ha recibido una notificación y no recibirla supone asumir la táctica de la avestruz la mayor parte de las veces. Es decir, esconder la cabeza bajo tierra para no ver el peligro de un daño que es inminente.

Razones por las que no se suele recoger un burofax

Existen diversas motivaciones en el hecho de que los clientes no recojan un burofax o duden en hacerlo. Normalmente se trata de clientes no habituados a los asuntos legales y, en concreto, no habituados a los litigios. Algunas de las causas que explicarían su resistencia a recibir un burofax serían las siguientes:

  • Negligencia: sería el caso del cliente desorganizado y caótico que no da relevancia a múltiples aspectos de su situación económica, fáctica y legal y, por lo tanto, no presta atención a una comunicación aunque sea fehaciente.
  • Descuido: cuando el cliente se ausenta y no prevé una forma de conocer el contenido de las comunicaciones postales que le llegan.
  • Ignorancia: clientes que creen que las comunicaciones deben ser recepticias para producir sus efectos.

Razones para recoger un burofax

Una vez que partimos de cierto contexto por el cual pueden surgir dudas o resistencias a recoger un burofax, es importante entender por qué es relevante no solo recogerlo, sino también saber qué hacer al respecto. En este sentido, podemos partir de, al menos, estas seis razones:

  • Prepararse: Si no cogemos el burofax, difícilmente podremos conocer el peligro real al que nos tenemos que enfrentar en su caso. Conocer la amenaza permite prepararse con antelación si nos están anunciando acciones legales de reclamación, por ejemplo.
  • Desventaja estratégica: Desconocer las afirmaciones extrajudiciales del contrario es perder la ocasión de conocer su estrategia, o los principales fundamentos jurídicos en los que se va a basar; o de saber si se ha cometido algún error en alguna afirmación en el texto recibido que podamos usar como arma negociadora para prevenir el pleito creando una inseguridad al contrario.
  • Desincentivo: A veces, responder un burofax con otro burofax permite desincentivar un litigio posterior. Si no respondemos, podemos perder la oportunidad de realizar afirmaciones que exigirían, a su vez, una respuesta del contrario, de manera que podemos volver a poner la pelota en su tejado. Algo así como ser un «cazador, cazado».
  • Temeridad: Si ignoramos la reclamación del contrario, no la respondemos y, finalmente, conocemos los extremos de su pretensión directamente mediante su demanda, permitimos a la contraparte alegar mala fe pues se han visto obligados a interponer dicha demanda ante nuestro silencio, sin conocer siquiera algún argumento que pudiera desincentivar su petición y acción legal.
  • Actos propios: Pese a que en un procedimiento judicial ambas partes pasan por un proceso contradictorio de pruebas que permitan al juez construir su convicción sobre la solución más ajustada a la Ley, el juzgador puede pensar que «el que calló, otorgó» inicialmente por lo que, en algún caso, podría convencerse de que algo de razón lleva la parte demandante. Al fin y al cabo, los jueces o árbitros son personas y pueden conceder más credibilidad a una parte que a otra por un pequeño detalle cuando falta prueba suficiente que incline la balanza. La parte contraria puede realizar ciertas afirmaciones extrajudiciales muy relevantes que deben ser negadas, desmentidas o, cuando menos, matizadas, pues si no pueden complicarnos después la vía judicial.
  • Pérdida de derechos: Ni qué decir tiene que hay casos donde las partes incluso han pactado previamente que cierto tipo de comunicaciones se realizarán de forma fehaciente en cierto plazo. Sería el supuesto, por ejemplo, de determinados tipos de desistimiento o rescisión unilateral, pero también podrían ser otros supuestos como ejercicios de derechos de opción, de preferencia, retracto, etc. por lo que conocer el contenido de cualquier comunicación resulta trascendental también incluso sin conflictividad previa.
Razones para recoger un burofax

Entonces, ¿debemos recoger un burofax?

Hace algunos años el Consejo General de la Abogacía publicó un anuncio animando a los ciudadanos a acudir a su Abogado cuando recibieran un requerimiento o un burofax por parte de terceros. La imagen que trataba de ilustrarlo era una auténtica genialidad: un escorpión hecho de papiroflexia (u origami) realizado con el texto de papel de un requerimiento. Con ello se quería significar el peligro que conlleva y la trascendencia que puede tener, de modo que se recomendaba contar con un Abogado siempre que se recibiera una comunicación de terceros. Sin perjuicio de que sea recomendable tanto recoger como responder a un burofax, lo más prudente es consultar con un Abogado para determinar su trascendencia; «leer entre líneas»; determinar si requiere respuesta o no y, en su caso; responder ni más ni menos que únicamente hasta donde sea preciso. En este sentido, tener asesoramiento con experiencia previa en reclamaciones es fundamental porque, normalmente, el cliente comete fallos estratégicos si responde por sí mismo. No es infrecuente observar que los clientes que han respondido por su cuenta han deslizado informaciones útiles para la parte contraria. Otras veces han venido a reconocer parte de su responsabilidad haciendo una especie de alegato de buena fe que luego puede ser usado en su contra claramente en un proceso judicial.