Las sociedades mercantiles familiares

Las sociedades mercantiles familiares son habituales en el tráfico. Sin embargo, su naturaleza familiar es un factor enormemente problemático para su estabilidad y conservación. Además, suele ser una fuente habitual de conflictos de socios en el medio plazo. En general, el vínculo familiar es una característica valiosa para quienes quieren constituir sociedades. Pero, como en todo, existen ventajas e inconvenientes. El problema radica en que normalmente consideramos únicamente las ventajas y pocas veces los inconvenientes.

El origen hereditario de las sociedades mercantiles familiares

Frecuentemente, las sociedades mercantiles familiares tienen su origen en la sucesión familiar. En este sentido, heredar la empresa entre varios herederos forzosos, por ejemplo, supone diversificar el capital social entre ellos. Esto genera un desequilibrio de poder, pues el capital social pasa de estar en posesión de una persona a estarlo en manos de varias.

A menudo, son los asesores fiscales y de sucesiones los que sugieren crear una empresa familiar por razones fiscales. Esto sucede normalmente cuando existe un estimable patrimonio inmobiliario. El problema es que las razones fiscales son de corto plazo, es decir, obedecen a una situación concreta en un momento concreto, pero soslayan los inconvenientes que conllevan.

Así es. Cuando una herencia está integrada por una serie de inmuebles del causante, los sucesores heredarán los mismos, bien mediante adjudicaciones directas en legados, bien sin que existiera un reparto del testador. Cuando los herederos adquieren los bienes inmuebles en condominio, quedan en copropiedad de los bienes. Todos son condueños de los bienes en tal régimen.

En esta tesitura es habitual que los asesores propongan una estructura societaria por razones fiscales o de otra índole. Al hacer esto, los herederos pasan de un régimen de copropiedad a un régimen societario accionarial. Este cambio de régimen marca la diferencia pues las reglas que rigen la copropiedad y las que regulan la vida societaria establecen equilibrios distintos. 

En la copropiedad, los propietarios no solo son dueños del conjunto de los bienes, sino que tienen capacidad para salir de dicha situación mediante la división de la cosa que está en común. En cambio, cuando la propiedad se detenta mediante acciones o participaciones en dominio exclusivo, no podrá salir libremente obteniendo un precio a cambio (aunque en el condominio sea, al menos, en subasta), sino que el peso en el capital inicial puede evolucionar o modificarse con el tiempo. Este último factor lo ignoran muchos socios.

Junto a lo anterior, hay otras desventajas como serían todo el régimen de gestión, transmisiones o de información. Los socios no tienen acceso a la misma información que si fueran copropietarios; tampoco toman las decisiones de la misma manera en un sistema que en otro; ni la posición se puede enajenar o transmitir del mismo modo.

Es decir, al pasar a un régimen societario cambian los derechos y obligaciones de los copropietarios hereditarios o del tipo que sea. 

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La constitución de sociedades mercantiles familiares

Efectivamente, cuando los clientes quieren montar una empresa, se apoyan en los familiares. Es un buen planteamiento de partida, pero si no hay una adecuada planificación sobre cómo gestionar las externalidades familiares, que también existen, lo que era una ventaja, a medio plazo, se convierte en un problema.

Las situaciones de sociedades familiares pueden tener diverso origen, aparte del hereditario comentado en el apartado anterior. Pueden surgir entre hermanos que se asocian con un fin común; pueden ser un proyecto entre padres y un hijo; pueden ser sociedades procedentes de un matrimonio. 

Sucede, sin embargo, que, con el tiempo, pueden cambiar las circunstancias de los vínculos. Los hermanos discuten o se vuelven ambiciosos; los padres pueden ser influidos por otros hermanos al hacerse mayores; los matrimonios pueden divorciarse. 

Al acontecer estas situaciones, normalmente se generan desequilibrios de poder sin tener unas opciones de salida tan directas como en la copropiedad, con un añadido: que está en juego no solo lo que sucede en la sociedad mercantil sino también la futura sucesión hereditaria si hay más patrimonio e, incluso, se destruyen los vínculos familiares o quedan seriamente dañados. Cuando el progenitor tiene un peso significativo en el capital social, además, según avanza su edad es más influenciable, lo que viene a complicar el panorama.

El problema de la excusa absolutoria en los delitos patrimoniales en ámbito familiar

La excusa absolutoria es una situación de hecho y derecho, regulada penalmente, que implica la exoneración de la responsabilidad penal cuando el autor es pariente de la víctima y el objeto sobre el que recae tiene carácter patrimonial.

Su razón de ser fue explicada por el Tribunal Supremo en su sentencia de 23.06.2010, al decir que es una cuestión de política criminal que exige no criminalizar actos efectuados en el seno de grupos familiares unidos por fuertes lazos de sangre en los términos descritos en el artículo 268 del Código Penal porque ello, suele provocar una irrupción del sistema per se dentro del grupo familiar poco recomendable que perjudicaría la posible reconciliación familiar, estaría en contra de la filosofía que debe inspirar la actuación penal de mínima intervención y última ratio, siendo preferible desviar el tema a la jurisdicción civil que supone una intervención menos traumática y más proporcionada a la exclusiva afectación de intereses económicos como los únicos cuestionados, de ahí que se excluya los apoderamientos violentos o intimidatorios en los que quedan afectados valores superiores a los meramente económicos como son la vida, integridad física o psíquica, la libertad y seguridad”.

La excusa absolutoria figura regulada en el apartado primero del artículo 268 del Código Penal que establece que: “Están exentos de responsabilidad criminal y sujetos únicamente a la civil los cónyuges que no estuvieren separados legalmente o de hecho o en proceso judicial de separación, divorcio o nulidad de su matrimonio y los ascendientes, descendientes y hermanos por naturaleza o por adopción, así como los afines en primer grado si viviesen juntos, por los delitos patrimoniales que se causaren entre sí, siempre que no concurra violencia o intimidación, o abuso de la vulnerabilidad de la víctima, ya sea por razón de edad, o por tratarse de una persona con discapacidad».

Se aplica únicamente a los delitos patrimoniales que figuran en los Capítulos I al X del Título XIII del Código Penal: los hurtos; los robos; la extorsión; el robo y hurto de uso de vehículos; usurpación; estafas; administración desleal; apropiación indebida; defraudaciones de fluido eléctrico y análogas; frustración de la ejecución; insolvencias punibles; alteración de precios en concursos y subastas públicas; daños.

Como podemos apreciar, entre dichos delitos figuran también los de administración desleal y apropiación indebida, muy frecuentes en el ámbito de las sociedades de capital. No así los delitos societarios, pues estos tienen un contenido más amplio que el puramente patrimonial. También sería aplicable a las situaciones de condominio mencionadas anteriormente, no únicamente a las sociedades mercantiles.

En definitiva, asociarse con la familia o heredar un negocio familiar puede ser un regalo envenenado. La manera de prevenir todos estos problemas suele ser adoptar un protocolo familiar; personalizar convenientemente y a tiempo los estatutos sociales. En otro caso, probablemente será una fuente de conflictos societarios. Somos especialistas en problemas entre socios y podemos asesorarle sobre las opciones disponibles; escenarios que pueden esperarse, etc.

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