La franquicia es un contrato complejo

El sistema de franquicia no es más que un sistema de crecimiento rápido y centralizado para el franquiciador.

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La franquicia es un contrato complejo

Montar una franquicia es una de las formas más habituales de hacerse emprendedor en las últimas décadas.

La confianza en un modelo de negocio aparentemente probado y de éxito induce a apoyarse en esta fórmula para montar una sociedad limitada, bien en situaciones de desempleo, bien como vía de entrada para hacer la curva de aprendizaje en el proceloso mundo del emprendimiento.

Tanto en términos legales como económicos, lo esencial de una franquicia es, ante todo, que se trata de una forma de crecimiento empresarial mediante la que el franquiciador se expande a base de añadir socios comerciales. Ello se traduce, en términos jurídicos, en un contrato de colaboración entre dos partes: el franquiciador y el franquiciado.

En virtud de este contrato, el franquiciador es la sociedad que atesora el secreto del éxito, esto es, el Know How integrado por métodos, políticas y redes que son clave en su triunfo en el mercado frente a otros competidores, así como los derechos de propiedad industrial que forman parte de su estrategia de crecimiento (marcas, patentes, etc.); mientras que el franquiciado es la sociedad limitada (a veces persona física, aunque es muy arriesgado) que constituye una unidad de negocio geográfica asociada comercialmente al primero.

En realidad, el sistema de franquicia no es más que un sistema de crecimiento rápido y centralizado para el franquiciador, menos arriesgado que crecer con sus solos recursos, puesto que el franquiciador no carga con los costes de los fracasos de sus franquiciados, al tiempo que frecuentemente podrá sacar provecho de las oportunidades abiertas por estos en términos de expansión de marca; inversión en activos; contratos concertados, etc. que se pueden rentabilizar por un franquiciado que suceda al anterior. 

Pero para ello, el franquiciador no solamente tiene que proteger los elementos que contribuyen a su éxito, sino que, además, suele tener que homogeneizar y centralizar gran parte de las variables de la gestión franquiciada. Por lo tanto, la relación entre las partes es colaborativa y que se articule mediante un contrato implica que existirán derechos y obligaciones para las partes, por lo que, antes de firmar, el candidato a franquiciarse debe tener en cuenta las consecuencias legales y contractuales que dicha relación podría llegar a tener para él, pues los contratos de franquicia son acuerdos complejos y, a veces, ruinosos si las cosas no van bien.

Dicho de otro modo, las cláusulas del contrato con el franquiciador no son inocuas, también representan importantes riesgos para el candidato a franquiciarse pues partimos de la premisa de que un contrato de franquicia es un acuerdo de voluntades donde el franquiciador predispone los derechos y obligaciones previamente.

En la práctica, esto se suele traducir en que estos contratos son complejos porque:

  • Son rígidos pues estipulan las obligaciones que protegen los derechos del franquiciador
  • Son arriesgados pues suelen incluir cláusulas de responsabilidad personal y múltiples conceptos jurídicos indeterminados.
  • Son difíciles de negociar ya que el franquiciador los suele configurar como un acuerdo de adhesión y estándar que no debe estar sujeto a cambios.
  • Son desequilibrados, ya que el franquiciador no solamente pacta proteger sus activos frente al franquiciado, con frecuencia impone múltiples ventajas que, a la postre, se descubren como injustas o desproporcionadas.

Por tanto, tomando en consideración estas características, podemos advertir que, frente a la aparente facilidad que implica montar el negocio, en realidad se contraen obligaciones de gran riesgo en la mayoría de los casos.

Todo lo que venimos exponiendo genera grandes riesgos que se revelan en la ejecución del contrato porque no son percibidos en el momento de su firma, cuando con frecuencia ya es demasiado tarde, lo que ha supuesto que en los últimos tiempos hayan sido una fuente inagotable de conflictividad judicial.

Si va a montar una franquicia, para evitar problemas, consulte con un abogado especialista en franquicias

Para prevenir en lo posible que la ejecución del contrato produzca graves problemas al franquiciado, aconsejamos un asesoramiento de revisión del borrador cláusula por cláusula para detectar los riesgos latentes, ocultos o directos que pueden encontrarse.

De esta manera, podrá conocer o descubrir qué contingencias puede tener que enfrentar y las consecuencias a las que podría tener que enfrentarse.

Los clientes que encomiendan este tipo de servicio siempre obtienen un beneficio, bien porque negocian mejor sus contratos; bien porque deciden continuar una vez han tenido una visión más completa y objetiva sobre los riesgos y contingencias que pueden presentarse. Si quiere que le ayudemos, puede ponerse en contacto.


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